¿Tenemos lo que queremos?

Si pagamos a los gobiernos, y legitimamos su fuerza, no es para que echen pulsos de taberna con los violentos ilegítimos, sino para que asienten las ideas y los valores del bienestar y la paz, y para que corten el flujo de pobreza e injusticia que engendra la violencia. La pregunta que tienen que responder Putin, Bush, Blair, Aznar y Sharon no es la de si se pueden matar niños, tolerar dictaduras o ceder a los chantajes de los asesinos. Lo que tienen que decirnos es si la paz se puede conseguir calcinando y fumigando Grozni hasta los cimientos, soltando bombas de racimo sobre la población civil, saqueando el petróleo que dilapida nuestra civilización, creando un nuevo apartheid en Israel, tolerando las hambrunas, consintiendo sin escrúpulos a los señores de la guerra, pactando con los dictadores que nos convienen y decretando embargos caprichosos y estériles que sólo causan la muerte y la miseria en la población civil.
Nos importa mucho saber cuantos niños había en la escuela de Beslám. Pero también nos gustaría saber cuantos niños murieron en Afganistán, cuantos angelitos creó el embargo de Irak, cuantos mueren de hambre cada día, cuantas piernas destrozan las minas anti-persona, cuantas bodas y escuelas fueron bombardeadas por error, cuantos torturados hubo en las cárceles de la civilización y la democracia, y cuanto dolor generamos a diario para mantener el satu quo que tan dignos nos hace.
La paz, decía San Agustín, no es más que una libertad ordenada. Y lo que estamos creando no es más que un caos inhumano y tiránico. Por eso tenemos que gastar tanta pólvora en defender nuestro mundo: porque, en vez de hacer política grande, estamos encomendando nuestro futuro a los guerreros sin antifaz. A Bush, Blair, Putin, Aznar, Sharon. Un horror, y un triste escalofrío.
X.L. Barreiro, 2004-08-04
0 comentarios